Según explica Lupita Nava, aunque la provisión de alimentos ha aumentado, se ha visto un mayor número de personas acudiendo a la despensa de los miércoles desde el inicio de la etapa del COVID-19, incluyendo a personas de fuera de la parroquia. (Brian Segovia)CHARLOTTE — Cada miércoles, la parroquia Nuestra Señora de Guadalupe en Charlotte se convierte en una de las escenas más importantes para el apoyo alimentario y comunitario del vecindario. Desde las 8 de la mañana hasta las últimas horas de la tarde, más de 30 voluntarios trabajan incansablemente para alimentar a más de 300 familias que esperan en largas filas durante horas hasta poder recibir alimentos semanales.
La líder de esta increíble operación, Casa Marillac, es la directora de caridades de la parroquia: Lupita Nava.
Nava, de origen mexicana, llegó a trabajar a la parroquia en 2016, comenzando como voluntaria en la cocina de la iglesia pero, a través de su interés en la labor social, capitalizó la oportunidad de liderar los esfuerzos de caridad de la parroquia.
“Me sentí muy afortunada de que me hayan dado la oportunidad,” dijo Nava. “Especialmente haciendo algo que ayude a la comunidad.”
Casa Marillac abrió al público en 2012, y su enfoque fue la entrega de despensas para los más necesitados, además de referidos para servicios médicos y asistencia para inmigrantes recién llegados al área. Cuando Lupita Nava se unió al proyecto, ella cuenta que vio una gran necesidad de seguir expandiendo la ayuda al prójimo.
“Especialmente con el comienzo del banco de comida, pudimos empezar a alcanzar a aún más personas,” explica Nava.
Lupita Nava, lidera no solo la despensa de los miércoles, sino también un banco de comidas para los más necesitados de la parroquia los jueves.
Y es que en 2020, llegó a la parroquia una excelente oportunidad para expandir la operación semanal de alimentos gratuitos, cuando comenzaron a colaborar con el Departamento de Policía de Charlotte-Mecklenburg y el Second Harvest Food Bank junto con Casa Marillac. Pero la parroquia debía contar con un mayor número de voluntarios para llevarlo a cabo, así que Lupita comenzó a trabajar para asegurarse de que pudieran conseguir a todos los necesarios para que eso sucediera.
“Cuando ellos no podían más, nosotros tomamos la decisión de continuar con esta actividad para seguir apoyando a la comunidad,” menciona Nava. “No queríamos perder estos recursos.”
El proyecto, ahora en manos de Lupita y los voluntarios durante los últimos 4 años, sigue vivo gracias a ellos.
“Mientras que el Señor siga enviando lo necesario, aquí estaremos,” cuenta Nava.
Lupita dice que la satisfacción de saber que están ayudando y alimentando a cientos de personas cada semana es algo que no se puede explicar, y es esa satisfacción la que mantiene un voluntariado comprometido semana tras semana.
“Te cansas, pero siempre te sientes feliz de lo que lograste,” dice con una sonrisa Nava.
Durante el día, Nava explica que no saben cuántos alimentos recibirán en los camiones, así que confían en Dios para que Él les provea.
“En las mañanas, me pongo a rezar para que el Señor nos dé lo justo y lo necesario,” explica Nava. “Él siempre nos provee.”
— Brian Segovia
Desde las 7 de la mañana hasta la 1 de la tarde, muchos miembros de la comunidad, especialmente personas de la tercera edad que no reciben beneficios alimenticios del gobierno, esperan pacientemente en sus vehículos, formados en fila, cada miércoles para recibir una provisión de comida para la semana.

