
El obispo de Charlotte brinda “firme apoyo” a la declaración pastoral y añade un mensaje especial a los fieles del oeste de Carolina del Norte
BALTIMORE — Con una ovación de pie, los obispos católicos de Estados Unidos aprobaron un “mensaje pastoral especial sobre inmigración” que expresa preocupación por los inmigrantes y consternación por las actuales políticas de aplicación de la ley migratoria que desatienden la dignidad humana básica.
La declaración de los obispos estadounidenses (publicada íntegramente a continuación), emitida el 12 de noviembre durante la reunión anual de otoño de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos (USCCB) en Baltimore, se produjo cuando un número creciente de obispos ha reconocido que algunas de las políticas migratorias de la administración Trump corren el riesgo de presentar a la Iglesia desafíos prácticos en la prestación de apoyo pastoral y obras de caridad, así como desafíos a la libertad religiosa.
El obispo de Charlotte Michael Martin apoyó el mensaje de los obispos estadounidenses, expresó solidaridad con los inmigrantes y exhortó al pueblo de la Diócesis de Charlotte a reflexionar sobre su perspectiva acerca de la inmigración a la luz de la enseñanza de la Iglesia.
“Pregúntense si sus opiniones políticas están formando sus creencias religiosas o si son sus creencias religiosas las que están formando sus opiniones políticas”, dijo el obispo Martin. “Jesús nos llama a lo segundo.”
(Lea su declaración completa a continuación.)
El “mensaje pastoral especial” de los obispos de EE.UU., difundido la tarde del miércoles, afirmó: “Como pastores, nosotros, los obispos de los Estados Unidos, estamos unidos a nuestro pueblo por lazos de comunión y compasión en Nuestro Señor Jesucristo.”
“Nos preocupa cuando vemos entre nuestro pueblo un clima de miedo y ansiedad en torno a cuestiones de perfil racial y aplicación de la ley migratoria”, señaló. “Nos entristece el estado del debate contemporáneo y la difamación de los inmigrantes. Nos preocupan las condiciones en los centros de detención y la falta de acceso a atención pastoral. Lamentamos que algunos inmigrantes en Estados Unidos hayan perdido arbitrariamente su estatus legal.
“Nos inquietan las amenazas contra la santidad de los lugares de culto y la naturaleza especial de los hospitales y las escuelas”, continuó. “Nos aflige cuando encontramos a padres que temen ser detenidos al llevar a sus hijos a la escuela y cuando tratamos de consolar a familiares que ya han sido separados de sus seres queridos. A pesar de los obstáculos y prejuicios, generaciones de inmigrantes han hecho contribuciones enormes al bienestar de nuestra nación.
“Como obispos católicos, amamos a nuestro país y oramos por su paz y prosperidad. Precisamente por ello, en este momento nos sentimos impulsados a alzar nuestras voces en defensa de la dignidad humana.”
Equilibrando la doctrina social católica: derecho a migrar, derecho a regular fronteras, deber de justicia y misericordia
La declaración también se refiere a la doctrina social de la Iglesia sobre inmigración, que busca equilibrar tres principios interrelacionados: el derecho de las personas a migrar para sostenerse a sí mismas y a sus familias; el derecho de un país a regular sus fronteras e inmigración; y el deber de una nación de ejercer esa regulación con justicia y misericordia.
La enseñanza católica “exhorta a las naciones a reconocer la dignidad fundamental de todas las personas, incluidos los inmigrantes”, dijo la declaración. “Los obispos abogamos por una reforma significativa de las leyes y procedimientos migratorios de nuestra nación. La dignidad humana y la seguridad nacional no están en conflicto.
“Ambas son posibles si las personas de buena voluntad trabajan juntas. Reconocemos que las naciones tienen la responsabilidad de regular sus fronteras y establecer un sistema migratorio justo y ordenado en beneficio del bien común. Sin tales procesos, los inmigrantes enfrentan riesgos de trata y otras formas de explotación. Vías seguras y legales sirven como antídoto ante tales riesgos.”
La enseñanza de la Iglesia, señaló, “se fundamenta en la preocupación primordial por la persona humana, creada a imagen y semejanza de Dios (Génesis 1:27).”
“Como pastores, miramos a la Sagrada Escritura y al ejemplo del mismo Señor, donde encontramos la sabiduría de la compasión de Dios”, continuó. “La prioridad del Señor, como nos recuerdan los Profetas, son los más vulnerables: la viuda, el huérfano, el pobre y el extranjero (Zacarías 7:10). En el Señor Jesús vemos al que se hizo pobre por nosotros (2 Corintios 8:9), vemos al Buen Samaritano que nos levanta del polvo (Lucas 10:30–37), y vemos al que se encuentra en los más pequeños (Mateo 25).
“La preocupación de la Iglesia por el prójimo y nuestra preocupación por los inmigrantes es una respuesta al mandato del Señor de amar como Él nos ha amado (Juan 13:34)”, afirmó.
Obispos aprueban la declaración con ovación de pie
El mensaje fue aprobado por la gran mayoría de los obispos votantes y recibió una ovación de pie. El arzobispo Paul S. Coakley de Oklahoma City, recién elegido presidente de la USCCB, habló a favor de la declaración, diciendo: “La apoyo firmemente por el bien de nuestros hermanos y hermanas inmigrantes”, añadiendo que la declaración buscaba “equilibrio” al “proteger los derechos de los inmigrantes, pero también al pedir a nuestros legisladores y a nuestra administración que nos ofrezcan un camino significativo de reforma de nuestro sistema migratorio.”
Según un comunicado de la USCCB emitido con el texto de la declaración, esta fue “la primera vez” en 12 años que la conferencia de obispos “invocó esta forma particularmente urgente de hablar como cuerpo episcopal. La última, emitida en 2013, fue en respuesta al mandato federal de anticoncepción.”
Obispos de EE.UU. responden a ‘las personas a las que servimos’
El arzobispo Richard G. Henning de Boston dijo a OSV News en una entrevista que la sensación de que “tenemos que decir algo” sobre mostrar solidaridad con los inmigrantes había estado “brotando entre los obispos.”
“Obviamente, las creencias de la Iglesia tienen consecuencias políticas, pero no son políticas en el sentido habitual de la palabra”, dijo. “Por eso hubo un verdadero esfuerzo por asegurarse de que este fuera un discurso pastoral a nuestro pueblo y no un intento de influir políticamente.”
A pesar de diferencias de edad, geografía u otros puntos de vista, el arzobispo Henning dijo que los obispos estadounidenses casi universalmente han escuchado de parte de feligreses o pastores sobre “el sufrimiento” causado por la situación.
“Somos pastores”, dijo. “Nos importa la gente a la que servimos, y lo que escuchamos de ellos es miedo y sufrimiento. Así que es difícil no querer responder.”
Debate sobre los detalles de la declaración en la asamblea
Los detalles de la declaración fueron objeto de debate en la sesión pública del 12 de noviembre, cuando el cardenal Blase J. Cupich de Chicago sugirió añadir lenguaje que se opusiera a la “deportación masiva indiscriminada”. Otros manifestaron coincidencia, pero propusieron matices, como añadir “sin el debido proceso”, o cuestionaron los procedimientos de la conferencia para enmendar el texto durante la asamblea. La frase añadida fue finalmente aprobada, y se encuentra en el último párrafo del mensaje: “Nos oponemos a la deportación masiva indiscriminada. Oramos para que termine la retórica y la violencia deshumanizadora, ya sea dirigida a inmigrantes o a las fuerzas del orden. Oramos para que el Señor guíe a los líderes de nuestra nación, y damos gracias por las oportunidades pasadas y presentes de diálogo con funcionarios públicos y electos. En este diálogo, seguiremos abogando por una reforma migratoria significativa.”
La preocupación de los obispos tiene fundamento en la enseñanza magisterial existente. Las encíclicas de San Juan Pablo II Veritatis Splendor (1993) y Evangelium Vitae (1995) citan la enseñanza del Concilio Vaticano II en Gaudium et Spes, que nombra la “deportación” entre los actos “ofensivos a la dignidad humana” que “son una desgracia y, mientras infecten la civilización humana, contaminan más a quienes los infligen que a quienes padecen la injusticia, y son una negación del honor debido al Creador.”
San Juan Pablo subrayó que estos actos eran ejemplos de “males intrínsecos” que no pueden ordenarse a Dios ni al bien de la persona humana.
La declaración sobre inmigración muestra “una unidad fundamental entre nosotros”
Cuando los obispos finalmente aprobaron el lenguaje tras algún debate, el arzobispo Henning bromeó: “La enmienda enmendada queda aprobada.”
En su entrevista con OSV News después de la votación, el arzobispo Henning dijo: “No es fácil lograr que todos avancemos exactamente en la misma dirección”. Pero afirmó que el apoyo abrumador al mensaje mostró “una unidad fundamental entre nosotros.”
“Creo que hubo un sentido bastante poderoso entre todos los obispos de que lo que estamos experimentando en nuestras diócesis es que hay mucho sufrimiento y confusión, y yo diría incluso caos”, dijo. “Hay una especie de arbitrariedad ahora, en la experiencia de la gente, que genera un miedo bastante significativo.”
— Contribuyeron a este reportaje Kate Scanlon, Gina Christian, Maria-Pia Chin y Peter Jesserer Smith, editor nacional de OSV News.
Foto superior: Agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas detienen a un hombre tras realizar una redada en el complejo de apartamentos Cedar Run en Denver, el 5 de febrero de 2025. (Foto de OSV News/Kevin Mohatt, Reuters)
Mensaje del obispo Martin al pueblo de la Diócesis de Charlotte:

Mis hermanos y hermanas en Cristo:
Les escribo en este momento tan particular en la vida de nuestra diócesis, cuando tantos en nuestra comunidad se encuentran con temor. Agradezco haber pasado estos días reunido con mis hermanos obispos de los Estados Unidos en nuestra asamblea anual, donde se ha prestado mucha atención a los desafíos que enfrentan no solo nuestros hermanos y hermanas inmigrantes, sino todos nosotros. Todos estamos llamados a decidir cómo queremos llevar la Buena Noticia de Jesús a nuestro mundo.
Me enorgullece ofrecer mi firme apoyo al Mensaje Pastoral Especial sobre Inmigración de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos para 2025. Permítanme añadir lo siguiente para su reflexión:
- Al dedicar tiempo a la oración privada y a la reflexión, así como a sus comentarios públicos sobre este tema, pregúntense si sus opiniones políticas están formando sus creencias religiosas o si sus creencias religiosas están formando sus opiniones políticas. Jesús nos llama a lo segundo. San Pablo nos habla con valentía en este momento cuando dice: “No se amolden a este mundo, sino transfórmense mediante la renovación de su mente” (Rom 12,2). ¿Está su mente siendo renovada por el Evangelio, o por los noticieros y las redes sociales? La verdad no nace primero en la ley civil; más bien, la Verdad se hace carne en Jesucristo y se nos confía a todos para proclamar “la luz verdadera, que ilumina a todo hombre” (Jn 1,9). No intentemos proclamar la Verdad sin antes estar en una relación profunda con Jesucristo.
- A ustedes, inmigrantes, sin importar su situación migratoria aquí en el oeste de Carolina del Norte, sepan que la Iglesia Católica valora quiénes son ustedes como hijos de Dios y está a su lado. No se dejen paralizar por el miedo, especialmente al practicar su fe en nuestras iglesias. Confíen en que Dios camina con ustedes, y que nosotros también lo hacemos en este tiempo de incertidumbre.
El texto completo del Mensaje Pastoral Especial de los obispos de EE.UU. sigue a continuación:
Como pastores, los obispos de los Estados Unidos, estamos unidos a nuestro pueblo en nuestro Señor Jesucristo, por lazos de comunión y compasión. Nos inquieta ver en nuestras comunidades un clima de temor y ansiedad ante las prácticas de perfilamiento y la aplicación de las leyes migratorias. Nos entristece profundamente el tono que ha adoptado el debate contemporáneo y la creciente denigración de los inmigrantes. Nos preocupan las condiciones en los centros de detención y la falta de acceso a una atención pastoral adecuada. Lamentamos que algunos inmigrantes que viven en los Estados Unidos han perdido su estatus migratorio de manera arbitraria. Nos preocupan las amenazas contra la santidad de los lugares de culto, y el carácter especial de los hospitales y las escuelas. Nos entristece profundamente cuando nos encontramos con padres que temen ser detenidos al llevar a sus hijos a la escuela o cuando intentamos consolar a familiares que ya han sido separados de sus seres queridos.
A pesar de los obstáculos y prejuicios, por generaciones, los inmigrantes han contribuido inmensamente al bienestar de nuestra nación. Como obispos católicos, profesamos nuestro amor por nuestro país y oramos por su paz y prosperidad. Por este preciso motivo nos sentimos obligados en este entorno a elevar nuestras voces en defensa de la dignidad humana otorgada por Dios.
La enseñanza católica exhorta a las naciones a reconocer la dignidad fundamental de todas las personas, incluidos los inmigrantes. Como obispos, abogamos por una reforma significativa de las leyes y los procedimientos migratorios de nuestra nación. La dignidad humana y la seguridad nacional no son valores en conflicto. Ambas pueden alcanzarse con buena voluntad y uniendo esfuerzos.
Reconocemos que las naciones tienen la responsabilidad de controlar sus fronteras y establecer un sistema de inmigración justo y ordenado por el bien común. Sin dichos procedimientos, los inmigrantes corren el riesgo de caer en la trata de personas y en otras formas de explotación. Las vías legales y seguras sirven como antídoto frente a esos riesgos.
La enseñanza de la Iglesia se basa en la preocupación fundamental por la persona humana, creada a imagen y semejanza de Dios. (Génesis 1:27). Como pastores, recurrimos a las Sagradas Escrituras y al ejemplo de Dios mismo, donde encontramos la sabiduría de la compasión de Dios. La prioridad del Señor, como nos recuerdan los profetas, es para los más vulnerables: las viudas, los huérfanos, los pobres y los migrantes (Zacarías 7:10). En el Señor Jesús, vemos a Aquel que se hizo pobre por nosotros (2 Corintios 8:9), vemos al buen samaritano que nos levanta del polvo (Lucas 10:30-37) y vemos a Aquel que se encuentra en los más pequeños (Mateo 25). La preocupación de la Iglesia por el prójimo y nuestra preocupación aquí por los inmigrantes son una respuesta al mandato del Señor de amar como Él nos ha amado (Juan 13:34).
A nuestros hermanos y hermanas inmigrantes, estamos con ustedes en su sufrimiento, pues si un miembro sufre, todos sufren (1 Corintios 12:26). ¡No están solos!
Observamos con gratitud que tantos de nuestros sacerdotes, religiosos consagrados, y fieles laicos ya están acompañando y asistiendo a inmigrantes en sus necesidades humanas básicas. Exhortamos a todas las personas de buena voluntad a continuar y ampliar esos esfuerzos.
Nos oponemos a las deportaciones masivas e indiscriminadas. Oramos por el fin de la retórica inhumana y de la violencia, ya sea dirigida contra inmigrantes o contra los organismos de seguridad. Oramos para que el Señor guíe a los líderes de nuestra nación y estamos agradecidos por las oportunidades pasadas y presentes de dialogar con funcionarios públicos y electos. En este diálogo, continuaremos abogando por una reforma migratoria significativa.
Como discípulos del Señor, seguimos siendo hombres y mujeres de esperanza, ¡y la esperanza no defrauda! (Romanos 5,5).
Que el manto de Nuestra Señora de Guadalupe nos envuelva a todos en su maternal y amoroso cuidado y nos acerque cada vez más al corazón de Cristo.

