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Catholic News Herald

Serving Christ and Connecting Catholics in Western North Carolina
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080726 Guatemala2 spMisioneros de la diócesis llevaron a cabo importantes proyectos de construcción en la aldea de El Cerinal.EL CERINAL, Guatemala — Este mes de julio, 17 misioneros de tres parroquias de la Diócesis de Charlotte, incluidos ocho estudiantes de Charlotte Catholic High School, viajaron para apoyar los esfuerzos misioneros en El Cerinal, Guatemala, y colaborar en los preparativos para la dedicación de una iglesia cuya construcción iniciaron en 2022.

El padre Joshua Voitus, párroco de la parroquia St. Vincent de Paul en Charlotte, encabezó el viaje de una semana, acompañado por otros dos nuevos miembros del clero: el diácono Daren Bitter, de la parroquia St. Matthew en Charlotte, y el padre Juan Miguel Sánchez, sacerdote secretario del obispo Michael Martin.

La misión comenzó con la iglesia St. Gabriel de Charlotte en 2022, cuando los organizadores Chris Turley y John Bonner establecieron vínculos con la comunidad y comenzaron la campaña para construir una nueva iglesia.

Bonner y Turley presentaron a un nuevo grupo de misioneros una Iglesia de Nuestra Señora del Monte Carmelo casi terminada y una comunidad llena de católicos fieles, deseosos de prosperar física, mental y espiritualmente.

“Dios nos miraba a través de los ojos del pueblo guatemalteco mientras nosotros nos convertíamos en las manos y los pies de Cristo”, dijo el diácono Bitter. “Es fascinante porque uno puede decir literalmente que estamos construyendo una iglesia. Y sí, se trata del edificio y de las bancas, pero en última instancia se trata de las personas. En ambos sentidos, estamos construyendo una casa para Cristo”.

A pesar de los impresionantes paisajes de colinas cubiertas de cafetales y de las brumosas aguas de la Laguna El Pino, asentada sobre suelo volcánico, se encuentra el caserío de El Cerinal. Está compuesto por pequeñas viviendas con lonas que sirven de puertas y pisos de tierra. La electricidad es intermitente y el agua que ocasionalmente llega por las tuberías no es potable.

Aunque el 85% de la población de este pequeño pueblo es católica, la comunidad también sufre una sequía espiritual: un solo sacerdote atiende 10 parroquias dispersas por toda la provincia de Santa Rosa.

Cada domingo se celebra una única misa a las 6 de la mañana. La confesión, la misa diaria, la adoración eucarística y la unción de los enfermos – al igual que el agua – son lujos prácticamente inaccesibles.

El padre Voitus, el diácono Bitter y el padre Sánchez celebraron la misa diaria en español.

Un sonriente poblador conocido como Don Chilo caminaba una hora y media de ida y otra de regreso, apoyándose únicamente en una pierna y unas muletas, para asistir cada día.
“Fue conmovedor verlo”, comentó el diácono Bitter.

080726 Guatemala 1 spLos niños participaron en la Escuela Bíblica de Vacaciones dirigida por los misioneros.

Una semana de amor y caridad

Más de 60 niños corrían, brincaban y llegaban cada día a la iglesia para participar en actividades de coloreado, manualidades, cantos y lecciones de fe dentro de la Escuela Bíblica de Vacaciones organizada por Turley.

Bonner y su equipo instalaron 21 sistemas de filtración de agua para los habitantes. El clero y otros misioneros recorrieron los senderos de tierra que conducen a las viviendas, deteniéndose en cada puerta para orar, entregar medicamentos básicos de venta libre y conocer las necesidades de las familias.

A lo largo del camino también fueron evidentes pequeños actos de la providencia de Dios. Uno de ellos quedó grabado en la memoria de Turley, quien caminaba junto al padre Voitus durante una visita domiciliaria cuando encontraron a varias mujeres desconsoladas, arrodilladas junto a un ataúd.

“Estaban orando para que llegara un sacerdote porque no habían podido encontrar a ninguno que celebrara el funeral de su familiar”, recordó Turley.

El padre Voitus, quien habla español con fluidez, celebró inmediatamente una misa de funeral.

“Para mí fue un milagro que apareciera precisamente cuando estaban rezando por un sacerdote”, dijo.

El padre Sánchez y el padre Voitus bendijeron hogares, administraron la unción de los enfermos a personas confinadas en casa y escucharon confesiones improvisadas cuando se las solicitaron.

“Cuando hay sacerdotes adicionales, la comunidad se siente bendecida. Mientras visitábamos a las familias, el 90 por ciento nos pedía una bendición o una oración”, explicó el padre Sánchez. “Las casas no son cómodas según los estándares de Estados Unidos, pero la gente es feliz. Esa es la parte que más impacta. A veces asociamos la felicidad con el lujo y la comodidad, pero en realidad nace del corazón”.

080726 Guatemala3 sp El padre Joshua Voitus, párroco de la parroquia San Vicente de Paúl, encabezó el viaje misio

Erika López, quien participó por primera vez como misionera y es originaria de Guatemala, anhelaba compartir con sus hijos los recuerdos de su infancia. Mientras recorría la comunidad junto a su hijo, no pudo contener las lágrimas al reencontrarse con una cultura que casi había perdido.

“La conexión fue inmediata; no había ninguna barrera, solo un sentimiento compartido de amor”, expresó López. “Me trajo de vuelta esos recuerdos de la infancia de aquel pequeño lugar lejano que alguna vez conocí”.

Al finalizar la semana, aunque hubo momentos sin electricidad, sin aire acondicionado y sin agua, al grupo le costó despedirse. En la misa final, el “adiós” se convirtió en un “hasta luego”.

Las lágrimas fueron abundantes y brotaron con libertad, señaló el diácono Bitter.

Dentro de 51 semanas, el grupo tiene previsto regresar acompañado de más misioneros provenientes de otras parroquias y escuelas. En un plazo de diez años, Turley imagina visitar El

Cerinal cuatro veces al año con distintos grupos, trabajando desde la piedra angular que colocaron hace algunos años en este pequeño caserío con pocas esperanzas materiales, pero con una fe inmensa.

“Este viaje es mucho más que personas que quieren desconectarse, dejar el teléfono a un lado y dedicar tiempo, dinero y energía”, afirmó el diácono Bitter. “Se trata de difundir el amor de Cristo mediante la oración, la experiencia compartida como una sola familia humana y hacer que el mundo sea un poco más pequeño”.

—  Lisa M. Geraci

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